Mi barba tiene tres pelos

Eso de afeitarse todos los días es cosa del pasado. Ahora se usa pelo facial abundante. Barbas, bigotes y sus usos, la vuelta del hombre recio.

Apuntes: vidas privadas

Barba hipster

// Por Nicolás Artusi

Las cuchillas se deslizan sobre la cara como los patines de un partido de hockey sobre hielo. Pzzzzzzzzzz. El hombre venerable pretende que rostro y cuello estén suaves como un piso de parquet y se somete a la diaria tortura de la afeitadora, en desigual lucha contra la rutina, el ardor y la voluntad de controlar la botánica facial (en mi casa, se decía que el tío Tito era tan hirsuto que debía afeitarse a la mañana y a la tarde, sólo para mostrarse digno y presentable a toda hora). Ahí donde un filósofo haya definido “lo liso como sinónimo de lo perfecto”, una nueva generación de hombres levanta la bandera del orgullo facial, renuncia a los afanes de la perfección y se deja crecer la barba como contraseña de época: si durante años fue incompatible con la rígida idea de “buena presencia”, hoy es una marca de identidad para señores de todas las edades que necesitan aferrarse a algo real, natural y estableSigue leyendo

Porque yo lo digo

Los mitos con que nuestros padres intentaban disciplinarnos no tienen justificación científica. Sin embargo, los repetimos con nuestros hijos.

Apuntes: vidas privadas

Oogie Boogie

// Por Nicolás Artusi

Como si el hálito del Diablo se colara por la ventana de la cocina, me pasé la primera infancia sumido en el terror al estrabismo forzoso en cada bizquera intencional: “Si te da un golpe de aire te quedás bizco. Para siempre”. ¿Un golpe de aire? ¿Y eso? La advertencia paterna tomaba la forma de una premonición agorera e indiscutible. Si el terror infantil a cada Hombre de la Bolsa no logró que, de grande, pueda tragar una cucharada de sopa, un prematuro pensamiento racionalista me empujó a discutir algunos de los mitos con los que fui criado. Y, acaso siendo un niño algo avispado por la lectura de los fascículos Tecnirama que heredé de mi abuelo, confirmé lo que sospechaba. Con escaso rigor científico, cada advertencia tenía una única fuente, siempre justificada en la inescrutable majestad del saber paterno: “Porque yo lo digo”.  Sigue leyendo

Cómo comer con el jefe

El restaurante es uno de los escenarios de la vida corporativa. Consejos para cuando nuestro compañero de mesa es nuestro jefe.

Apuntes: vidas privadas

Mr Burns

// Por Nicolás Artusi

Ni una grasienta tira de asado ni un untuoso plato de tallarines con pesto: así en la comida como en la empresa, se aprecia la frugalidad. Si el misterio de las relaciones humanas se devela con una infinidad de pistas no verbales, aquel que sólo coma ensaladitas provocará desconfianza, por demasiado trémulo, y el que pida una botella de vino al mediodía cargará con el eterno sambenito del beodo: no sabe controlarse. En marzo empieza la temporada alta de reuniones y vuelve el almuerzo de trabajo, ese oxímoron de la vida laboral (una tortura placentera o un placer tortuoso), donde se decide mucho más que un plato: el Señor Gerente siempre estará observando al subordinado, en sus modales o en sus libaciones, para decidir el próximo ascenso o el inminente cambio de sucursal.  Sigue leyendo

El fantasma de mi ex

Separarse ya no es lo que era. En tiempos de Facebook y otras redes sociales, resulta imposible no caer en la tentación del fisgoneo masoquista.

Apuntes: vidas privadas

Web

// Por Nicolás Artusi

Ya son los dos demasiado mayorcitos como para destrozarse, así que terminen esto de una manera civilizada: aunque te duela ver que ella prefiera apretar todas sus cosas en un bolsito de tan insoportable que se le hace vivir con vos, que se vaya, que olvide tu nombre, tu cara, tu casa y que pegue la vuelta. Y si te he visto, no me acuerdo. Un higienismo de la separación recomienda mantener distancia y no enterarse nada de nada pero, ay, es prender nomás la computadora que ahí aparece: ostentando su rapidísima recuperación ante el duelo del divorcio, feliz con amigos, en la liviandad del sentirse libre. Si en la comedia tontolona Los fantasmas de mi ex, la pesadilla del hombre era toparse con los muertos sentimentales que guardaba en el ropero, en la edulcorada Simplemente no te quiere, la mujer se lamentaba de la multitud de formatos que la tecnología ofrece para que un tipo la plante. SMS. E-mail. FacebookSigue leyendo

Música en tus oídos

Los auriculares son a los oficinistas lo que el casco a los obreros. En tiempos de caos y ruido, un pequeño espacio de tranquilidad y control.

Apuntes: vidas privadas

Auriculares Beats

// Por Nicolás Artusi

Una fantasía paranoide diría que la Matriz nos envía instrucciones inalámbricas y que nosotros respondemos como autómatas: caminamos por la calle con un aparato que nos tapa los oídos, en completa abstracción de la realidad circundante y, muchas veces, moviendo la boca, confirmando el sambenito social sobre los locos: ¿hablamos solos? Si la miniaturización fue la ambición máxima de la industria electrónica en los últimos años, los auriculares se convirtieron en un foco de rebeldía: cuanto más grandes, más potentes. Y mientras las nuevas leyes de la urbanidad prohíban escuchar música a todo volumen en colectivos y subtes, nos habilitan el último bastión de independencia humana mientras viajamos como ganado: crean un oasis de intimidad personal en el espacio público.  Sigue leyendo

¡No puedo esperar!

8′ 22″. Ese es el punto de impaciencia. A partir de ahí, nos irritamos. Cómo mantener la calma en tiempos de urgencia.

Apuntes: vidas privadas

Impaciencia

// Por Nicolás Artusi

El cuello se me hincha, lo cual confirma las peores sospechas sobre mi temperamento: soy un hombre venal. La cabeza me late como un motor a válvulas, zumban las sienes y el villancico navideño multiplica mi impaciencia: si “crispación” fue el ánimo mandatario de la política en temporadas recientes, yo me asumo… crispado. Una obligación profesional me trae a este bar para escribir una columna sobre el “punto de impaciencia”, el momento exacto en el que una falla del sistema nos hace perder los estribos y, bien dispuesto con mi netbook y un vasote de frapuccino pagado a precio de commodity internacional, la dependienta me informa que no funciona Internet. Pero que igual “pruebe”, como si la conexión fuera un acto de fe. Uno, dos, diez intentos, la advertencia lapidaria (“Esta página web no está disponible” o el inexpugnable “504 gateway”) y, entonces, una sucesión de síntomas físicos, la hinchazón, el latido, el zumbido y una certeza: como dijo el sabio, la vida no imita al arte sino a la mala televisión. O a las estadísticas.  Sigue leyendo

La separación en tiempos de Facebook

Cómo evitar convertirte en un fisgón electrónico y estar todo el día al acecho de tu ex.

Apuntes: vidas privadas

Inspector Gadget

// Por Nicolás Artusi

La tecla F5 se convirtió en una extensión del dedo índice. Actualizar. Actualizar. El chequeo compulsivo y masoquista empuja a revisar el muro en busca de alguna grieta, desde que pasó del equívoco “estoy en una relación” al indiscutible “soltera”. Si el secreto para el éxito de toda relación es la disposición a “compartir”, después de la ruptura las redes sociales pueden multiplicar al infinito el flagelo que, en tiempos analógicos, sólo se daba de manera fortuita: verla con otro. ¿Cómo expresar nuestra decepción cuando el sistema sólo nos ofrece la alternativa de un pulgar hacia arriba? Según un estudio de la revista Cyberpsychology, Behavior and Social Networking, el hombre promedio revisa una vez por semana el Facebook de sus ex parejas más significativas. Y con el fisgoneo aumenta la sensación de desdicha, al observar la vida ajena con mejores ojos que la propia.  Sigue leyendo

El imperio de Steve Buscemi

Encarna a un implacable capomafia en “Boardwalk Empire”, la serie producida por Scorsese que va por su tercera temporada. Por qué hoy la tele le gana al cine, según este ícono del cine independiente.

Entrevista con Steve Buscemi

Steve Buscemi

// Por Nicolás Artusi / Nueva York

Bajo una llovizna impiadosa, el capomafia y su protegido mantienen una conversación de gravedad elegíaca hasta que el mayor mete la mano derecha en el bolsillo izquierdo del saco, empuña una pistola, apunta a la cabeza del menor y dispara. Tragedia griega en la Atlantic City de los años ’20. En la escena final de la segunda temporada de la serie Boardwalk Empire, la televisión se vuelve todo lo seria que puede ser, en su ambición por contar la Gran Novela Americana ya no en palabras sino en imágenes. Y la frase del mafioso Enoch “Nucky” Thompson, en la cascada voz del actor Steve Buscemi, adquiere resonancias bíblicas a la vez que se gana un lugar en el Libro Sagrado de la Televisión: “No busco el perdón”. El padre mató al hijo.  Sigue leyendo

Etica de la calvicie

Pelos en la espalda, pero no en cabeza. La pésima distribución de la pelambre atenta contra la belleza masculina. ¿O no?

Apuntes: vidas privadas

// Por Nicolás Artusi

Esa cabeza redonda y lisa como una bola de billar corona un cuerpo que parece abrigado con pulóver aun en el bochorno de un 15 de enero: acaso la más sarcástica de todas las injusticias que el tiempo comete contra nosotros sea la inequitativa distribución del pelo. Poco (o nada) donde debería haber, mucho donde no debería. Una ironía evolutiva confirma la gran burla darwiniana: por lo general, el que se queda calvo antes de los 40 tiene la espalda peluda de un orangután. Si los avances médicos prometen terminar con la calvicie en las páginas de deportes de los diarios y el peluquín sólo perdura como mascota mustia de los tangueros, las nuevas reglas de etiqueta capilar aportan consuelo para el hombre desplumado.  Sigue leyendo

¿Por qué corremos?

El running se impone como deporte en todo el mundo, pero ¿cuál es el sentido de correr? El placer después del dolor de la carrera y el sentido práctico-religioso de la cinta de gimnasio, una crónica acerca de lo que hay detrás de la línea de largada.

Carrera de mente: running & filosofía

// Por Nicolás Artusi

Uf: todavía no largué y ya hiperventilo. Las zapatillas espaciales, la ropa que no transpira aunque yo me sienta un afluente del río Paraná, la vincha de toalla: una ortopedia deportiva me prepara para el desafío pero, aunque los pies siguen estáticos, la cabeza va a mil por hora. Por delante, veo los 10 kilómetros que me esperan y saco el cálculo, aun con mi torpeza matemática: 10.000 metros, que serán algo así como 10.000 pasos y yo que soy de tranco corto, la naturaleza me hizo bajito.  Sigue leyendo