Rayos y centellas

Más del 80% de las víctimas de rayos son hombres. ¿Temeridad? ¿Mayor vida al aire libre? Las razones del fenómeno.

Apuntes: vidas privadas

// Por Nicolás Artusi

Majestuoso y valiente, el jefe de una tribu de irreductibles galos era respetado por sus hombres y temido por sus enemigos, pero también era muy supersticioso y sólo tenía un único miedo visceral: que el cielo se le cayera sobre la cabeza. Si Abraracurcix se consolaba repitiéndose que “eso no va a pasar mañana…”, la fría estadística aporta una razón legítima para la fobia: el 80 por ciento de las víctimas de rayos son hombres. No se habla de las varillas de una bicicleta sino de la “chispa eléctrica de gran intensidad que se produce por descarga entre dos nubes o entre una nube y la tierra”. La ciencia investiga pero no termina de descubrir los motivos del extrañísimo fenómeno. Y mientras médicos y físicos elucubran distintas teorías, los motivos estarían en la psicología masculina: una tendencia innata al peligro y la ilusión de ser más fuertes que la mismísima naturaleza. 

El siempre alerta National Weather Service de los Estados Unidos dio la voz de alarma hace unos días en Twitter: “Más del 80% de las víctimas de rayos son hombres”, advierte, y concluye con una moraleja edificante: “Sea usted una fuerza de la naturaleza que conoce el riesgo, toma acción y se vuelve un ejemplo”. Ajá. Se habrá explicado que el hombre promedio pasa más tiempo al aire libre que la mujer, que tiene una conducta más temeraria durante el chaparrón, que minimiza los riesgos con tal de no ser identificado como un debilucho por el resto de la manada. En pleno agosto, temporada altísima de tormentas eléctricas, el caso se discute en los más altos niveles de la gestión Obama: la eficiente Susan Buchanan, vocera de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), advirtió al ciudadano indolente: “Cuando suene un trueno, corra bajo techo” y, ahí donde una mística scout haga de la patrulla una evaluación continua de las agallas masculinas, la funcionaria se lamenta: “Ningún explorador quiere ser el primero en decir: ‘Es hora de volver a casa’”.

¡Por Belenos! ¡Por Tutatis! Si los dioses se ensañan con nosotros, mostremos respeto con un acto de contrición: bajar la cabeza no significa que seamos unos agachados. De estreno reciente, la película Atormentado (“Take Shelter”, en el original, o “Refúgiese”) cuenta la pesadilla de un padre de familia que vive en el campo sugestionado ante la llegada de una tormenta perfecta. Para los demás, el cielo está de un azul prístino: sólo él ve los nubarrones. ¿Alerta meteorológico, profecía apocalíptica o pensamiento turbio de una mente atormentada? Ahí cuando se anuncie “ocasional caída de granizo” ante cualquier llovizna, un jefe galo propenso a la preocupación excesiva podría repetirse: “¿Y si al fin me llegó el día?”. Mientras tanto, una tribu de irreductibles hombres le seguirán poniendo el cuerpo al diluvio que viene, aunque caigan rayos y centellas.

Publicado en Brando

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Un pensamiento en “Rayos y centellas

  1. Me parece casi imaginar el diálogo “-Carlos, vení para acá, mirá los rayos que están cayendo” -”Naaahh, con esta campera no me voy ni a mojar!” ..

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