Dimensión desconocida

Habla Goggi, el bajista de Sigur Ros, una banda del más allá donde los músicos se sienten mediums.

// Por Nicolás Artusi

Música para tirarse al vacío o canciones para flotar: Tom Cruise se despeina en la terraza de un rascacielos en Vanilla Sky, con la misma pulsión inconsciente del que se asoma a la baranda de un balcón: saltar. Y lo que se oye es Sigur Rós, el soundtrack perfecto para la aventura onírica, tocando la canción que resume su “espíritu”: The Nothing Song¿Qué hace un islandés cuando se aburre? Nada. Sigur Rós nació en agosto de 1994, el mismo día que Sigurrós (o “Victoria Rosa”), la hermanita del cantante Jónsi. Y desde entonces, ofreció su rock insular sólo a una camarilla de entendidos, abusó de su “imagen de personas serias y ausentes”, al decir de Jónsi, y le esquivó a la masividad hasta Takk (“Gracias”), el disco sindicado como el más “popular y fácil” de Sigur Rós. “Le tendrías que preguntar a la discográfica si es el más popular”, le dice al Sí! el bajista Georg Hólm (29, alias “Goggi”), por teléfono y en inglés. “Pero, sí: probablemente sea el más fácil”. 

—Y “Hoppípola” (cuyo video de viejos Cocoon tiene altísima rotación) es su primer tema optimista. ¿Cómo nació?

—Teníamos un loop de cuerdas muy breve que nos gustaba y queríamos usarlo, como base u otra cosa. Supongo que después compusimos música sobre él.

—¿Qué equipos usan para lograr ese sonido tan singular?

—Ehhh… no sé… nada especial. El sonido está… como almacenado… adentro de nosotros…

De incertezas y vaguedades está plagada la música de Sigur Rós, registrada en discos “conceptuales” que tardan 20 meses en grabarse. Para nosotros, tan ajena como la geografía de Islandia, la tierra helada cuyo principal producto de exportación tiene alitas de cisne: Björk. “Ella influyó en mucha gente”, opina Goggi. “Nos hizo darnos cuenta de que se podía hacer y editar música en todo el mundo, que no debíamos limitarnos a nuestra isla”.

—A ustedes les dicen “los Coldplay islandeses”. ¿Qué te parece Coldplay?

—Me gustan como personas y, en cierto sentido, también su música. Pero creo que sólo al 50 por ciento de la banda les gustan…

Y recién ahora el cronista entiende por qué la discográfica decidió que no fuera el cantante Jónsi quien hablara, sino Goggi: por diplomático (“es el más comunicativo del grupo”, confirma una gacetilla). “Jónsi es difícil: no habla“, había explicado la encargada de prensa pero cuando Jónsi habla, dice: “Odio a Coldplay. Pero es algo que no se puede decir, ¿no? La actitud mesiánica de Chris Martin me resulta ridícula” (al sitio español ocnos.com). Si “fácil” es el adjetivo que recibió Takk, “difícil” fue el que acompañó a Sigur Rós en doce años: tanto para explicar la habilidad de Goggi para pescar con los dientes (“es verdad, pero ya se convirtió en un mito urbano, así que sentite autorizado para agregar cualquier cosa que se te ocurra”) como para inspirar a Natalie Portman y otros famosos/fans de los que él se niega a revelar el nombre. Como en todas esas obras de culto donde el datero nerd rastrea señales (el libro La naranja mecánica, las películas de David Lynch, de las que Goggi es estudioso, o la serie Lost), la música de Sigur Rós se sobreinterpreta en busca de significados tan ocultos y ambiguos como puede ser un idioma inventado o una conexión con el más allá.

—¿Qué es el “hopelandic”? ¿Es una lengua especial en la que cantan?

—No, es algo que los periodistas exageraron. La mayoría de los músicos, cuando empiezan a componer, cantan algo tarareando. El “hopelandic” es prácticamente lo mismo que el “lalalá”: son sólo palabras sin sentido.

—Hablan mucho de atmósferas y de sentimientos en sus canciones. ¿Se sienten más mediums que músicos?

—Casi se podría decir eso. Hacemos música y el significado viene después… pero siempre llega. Si hacemos una canción que no despierta emoción, sabemos que no es buena y la olvidamos.

—¿No creen en los significados ocultos de sus canciones?

—Sí, creemos. Todo el que escucha una canción le encuentra su propio significado. Pero ese significado no tiene por qué ser el nuestro: éste es el secreto.

Publicado en el Suplemento Sí!

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