El llamado salvador

El celular sirve para conseguir chicas, pero también para zafar de ellas. Una aplicación nos permite huir de las malas citas.

// Por Nicolás Artusi

Sobre la mesa, una botella vacía queda como testigo púdico de la conversación que vaga errante, sin rumbo ni propósito. La cena (la cita, ¡la noche!) está perdida. “¿Cuándo se va a callar? ¿A quién le importan las maldades de su jefe?”. Una luz de esperanza en el viernes desangelado se enciende al recordar que, de regreso anticipado al calor doméstico, el porno gratuito acaso sea el mayor regalo que la tecnología dio a la vida del soltero. Hasta ahora. Si todos podemos caer en el traspié de una mala cita, la solución para el desastre vibra junto a la entrepierna. Bajate ésta: la aplicación Bad Date Rescue simula una llamada urgente, con una voz imperante que, en la emergencia, te empuja a salir corriendo. Hay una lágrima sobre el teléfono: ahí donde el celular sea a la vez símbolo de liberación y de dependencia, la excusa para el flojo actualiza un dilema masculino: ¿cómo nos volvimos tan pusilánimes? 

El logotipo del programita es un Clark Kent que se abre la camisa y deja ver el dibujo de un teléfono estampado sobre el pecho amplio. Si la misión recurrente del superhéroe consistía en salvar a una Luisa Lane desvalida, el auxilio de este musculoso sería la vergüenza de cualquier Charles Atlas congelado en la impotencia de verse como un alfeñique. En la cita desastrosa, el varón trémulo puede programar la aplicación para que el rescate se active en 5 minutos, 1 minuto, 5 segundos. A la hora señalada, el ringtone marcará una nota de preocupación por la hora inconveniente y, al presionar el botón verde, una voz grabada dará el alerta roja y se dejará escuchar una madre avisando del nacimiento prematuro de un sobrino, un vecino alertando por una inundación, un jefe exigiendo el cumplimiento inmediato de horas extras nocturnas. Aun si el mentiroso es incapaz de simular sorpresa o de articular una disculpa, el teléfono tira letra: la función “Repeat After Me” (también disponible en español) exige que el varón balbuceante repita palabra por palabra un speech escrito para hacer convincente la excusa.

A esto hemos llegado, señores: en la ucronía de un futuro que imaginábamos sombrío pero no tanto, terminamos repitiendo las palabras que nos dicta el teléfono. Alguna vez nos preguntamos si los robots sueñan con ovejas eléctricas pero hoy nos preocupa más quedarnos sin señal que quedarnos sin palabras. ¡Maldito 3G! La ausencia de un discurso propio nos condena a ser autómatas de nuestras vidas, unos pobres tipos que escapamos de la sospecha de un mal romance como de la gripe A, unos cerebros inútiles que dependemos de Google para recitar la formación del Boca campeón del ’81 o el elenco completo de la primera película de Tarantino. Bueno, está bien: tal vez ésas no sean las cosas importantes de la vida, pero son las cosas que nos importan. Y no me exijan más porque… ring, uy, quién será, a ver, hola, sí, me avisan que sale agua por debajo de la puerta de mi departamento.

Publicado en Brando

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3 pensamientos en “El llamado salvador

  1. Excelente el cierre de la nota….además de la nota en sí.
    Es una buena excusa para cambiar mi viejo telefonito irrompible por un smartphone.

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