Lo que hay que tragar

Habla Gustavo Duch, el autor del libro que denuncia los disparates que comemos. ¿Apocalipsis sobre la mesa?

// Por Nicolás Artusi

Homero Simpson contra Popeye: en la batalla de los dibujitos, si el padre de familia luchara contra el marinero nómade, también se enfrentarían dos modelos de alimentación. Es la guerra de la dona contra la espinaca. En los tiempos modernos se come mal, mucho y caro, entonces: ¿estamos frente a un apocalipsis alimentario? Se requieren 7 litros de petróleo para obtener un kilo de carne de vaca y 3.000 litros de agua para un kilo de pollo: “Los carnívoros debemos tener en cuenta que, si no moderamos nuestro consumo, nos convertimos en parte de una maquinaria perversa”, alerta Gustavo Duch desde Barcelona. El es un veterinario español que acaba de publicar el libro Lo que hay que tragar, minienciclopedia de política y alimentación, una denuncia contra el disparate alimentario: cada 24 horas, 3.500 cerdos viajan desde varios países de Europa hasta España y, en ese mismo día, otros 3.000 cerdos hacen el camino inverso. En el Lago Victoria, en Africa, las multinacionales extraen diariamente millones de peces para el consumo en el Primer Mundo, mientras dos millones de vecinos africanos se mueren de hambre. Los kilómetros que recorren muchos de los alimentos que consumimos encierran absurdos como estos. Y si es cierto que para preparar huevos fritos con chorizo, la gallina colabora pero el chancho se compromete, la parábola ilustra la diferencia entre el interés y la lucha: Gustavo se propone como un Robin Hood de la comida y, ahí donde defiende el derecho a la cena de pobres y jóvenes, también pelea para que los países consigan una “soberanía alimentaria“. 

-¿Cuál dirías que es la mayor aberración en la alimentación multinacional moderna?

-Eso mismo que decís, que sea multi-nacional en un mapamundi sin control, donde los alimentos son una mercancía con la que lucran pocos.

-Comida rápida, grasas, alcohol: ¿cuál es la mayor amenaza para la buena alimentación juvenil?

-La “alimentación SIN”. Sin información de lo que se esconde detrás de muchas cosas que comemos. Sin contacto con las manos que producen alimentos sanos, de calidad y con respeto por el medio ambiente. Y sin valor, porque no se valora el hecho en sí de comer y nutrirse. Si la “alimentación SIN” continúa extendiéndose, la mayor amenaza será quedarnos sin alimentación.

-¿Por qué elegiste a Homero y a Popeye como emblemas?

-Homero es como un lobo que se mal alimenta a base de carne. Popeye promociona un mayor consumo de vegetales en nuestra dieta. El exceso de carne es un desaprovechamiento de muchas hectáreas fértiles. Es un desperdicio de energía y agua y, tal como tenemos desorganizado el mundo, un viaje de proteínas del Sur al Norte. Justo cuando el Norte están tan obesote como Homero.

-¿Por qué decís que “el capitalismo nos matará de hambre”?

-¡Porque ya lo está haciendo! Fondos de inversión, capitales de riesgo y otras fórmulas especulan y juguetean con la alimentación. Hacen subir y bajar los precios de la comida como en las montañas rusas, compran las mejores tierras fértiles, pactan con las multinacionales y aumentan la pobreza entre la clase campesina, la más empobrecida y, paradójicamente, privada de alimentos.

-La Argentina produce el 1,5% del alimento mundial y tiene el 0,5% de la población. ¿Cómo puede haber desnutrición?

-La poesía lo explica todo. Después de tanta historia de dominación de metropólis europeas y oligarquías autóctonas (“las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”), llegó la sumisión a los mercados, también europeos. Un país que entrega la mitad de sus tierras a negociantes de la exportación es un país que entrega la mitad de su soberanía alimentaria. Los números no mienten: 50% de soja, 50% de pobreza. Leíamos en España la respuesta de la Presidenta ante el aumento de la carne en la Argentina: “Coman más pescado”. Es una falta de soberanía trasladar a los consumidores la responsabilidad de una situación que corresponde a una muy mala estrategia agraria: la soja ajena no deja sitio a las vaquitas propias. Una pena.

Publicado en el Sí!

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